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ANÉCDOTA - "Un juguete muy Caro"

15/04/2010

Corría el año de 1970. Disfrutábamos de las comodidades de las nuevas edificaciones dentro del plantel. Nuestro salón daba hacia el patio del fondo, el más grande, considerado el patio principal del colegio San Julián, nuestra alma Mater. Ahora ya no éramos los “mocosos” que veíamos con envidia cómo los muchachos más grandes, de cuarto y quinto de primaria, disfrutaban del patio principal, mientras nosotros sólo teníamos el patio chiquito. Ahora ya éramos los grandes de primaria.

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Cursábamos el quinto año. Nos enseñaba el profesor Castro, un tipo serio, de estatura baja, típico peruano, trigueño, siempre al terno claro, de frente amplia y andar pausado. Buen profesor, al que le gustaba la disciplina; pero sin exagerar. Algunos creían poder “burlar” la vigilancia de nuestro maestro Castro y realmente pocos lo lograban. Uno de los que no tuvo suerte fue Caro, el compañero de aula blanco, alto, de labios gruesos, hablar muy infantil y a quien le gustaba todo lo relacionado con los dinosaurios.

Ese día Caro llevó al salón uno de sus juguetes preferidos, un “yo - yo”, que estaba de moda entre los chicos de nuestra edad. Para el “ojo de águila” del profesor Castro, no pasó desapercibido tamaño irrespeto de su alumno. Caro sabía que estaba prohibido jugar en clases; pero se confió en su “habilidad” para escabullirse de la mirada de su profesor.

Muy mal Caro. Nuestro maestro le decomisa su juguete, como ya estaba acostumbrado a hacerlo con otros muchachos; pero esta vez no se lo da a guardar a Soto, quien ya no tenía necesidad de comprárselos. Soto era la envidia del salón, tenía boleros, trompos, canicas; pero esa vez,…esa vez el profesor Castro tenía otros propósitos. Hasta ahora me pregunto porqué me llamó al frente para “pelear” por el yo - yo de Caro, si yo no tenía mayor interés en él, pues juguetes era lo que más me sobraba en casa.

Castro llamó a un representante por columna de carpetas. Eran cuatro columnas. La eliminatoria era rapidísima. Una pregunta y “chau” al que no respondía. Quedamos dos finalistas. Para coincidencia, Soto, el guardián de los juguetes y yo. El profesor nos hace una última pregunta: escriban en la pizarra dos palabras, una aguda y la otra grave o llana. Soto muy ordenado, dibuja pausadamente un cuadro en la pizarra para llenarlo con las respuestas. Cuando comenzó a escribirlas yo ya volteaba a esperar el veredicto del profesor Castro. Tuve suerte que nuestro maestro aprobó mis respuestas; pero más que suerte, creo que era resultado del entrenamiento en esas lides escolares.

Me gané, sin mayor entusiasmo, el juguete de Caro. No sabía qué hacer con él, si devolvérselo a su dueño, cosa que sería fomentar la indisciplina, o quedármelo. Escogí lo segundo; pero no me sentí dueño absoluto del yo - yo. Hasta ahora pienso igual, por ello aún lo conservo, a pesar de haber transcurrido 40 años.

Caro, ya sabes, tengo tu yo - yo, que también es mío. Recuperar tu juguete no va a ser tan fácil. Te lo doy totalmente a cambio de un par de “chelitas” bien “eladio reyes” para conversar como dos compañeros de salón que se vuelven a encontrar. El yo - yo te resultó ser: un juguete muy Caro.

Percy Pulido Ponce
Promoción 1975

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